This page contains a Flash digital edition of a book.
16 años de la partida de


ALEJANDRO PIZARRO SOTO


Un reencuentro Familiar Escribe: Patricia Pizarro S.


Este lunes 3 de noviembre de 2014, se conmemoraron exactamente 16 años de la partida de mi padre, el historiador José Alejandro Pizarro Soto. Una imagen recurrente en mi memoria corresponde a cierta vez en que nos encontramos por casualidad en la Estación Central. Yo iba con mi hijo, el poeta Rodrigo Verdugo Pizarro, en uno de esos tantos paseos que realizábamos por aquel entonces. Mi padre venía llegando de Concepción, en ese tren que llegaba a Santiago cerca de las cuatro de la tarde. No puedo olvidar que en un estado de euforia y elocuencia pasional él gritó: «Lebu, Lebu» y ese grito pareció extenderse y perderse en la amplitud de la Estación. Pareció confundirse con el ruido de los trenes y pareció conducirse por los rieles en dirección al sur. La primera vez que mi padre llegó a Santiago, aquel 10 de enero de 1940, por circunstancias familiares y ajenas a su voluntad, llegó también a esta querida Estación Central. En ese entonces era un adolescente que empezaba a asumir su destierro del paraíso. Resaltó este hecho ya que es fundamental a la hora de determinar qué es lo que encauzo en él esta vocación por investigar los orígenes de la ciudad de Lebu, y mi parecer no es más que esto, el perder el paraíso de su niñez, ese Lebu del cual salió, como si rompieran por segunda vez en él, el cordón umbilical. José Alejandro


Pizarro, desde ese entonces, buscó a Lebu en todo lo que le rodeó, ya sea en personas, objetos, atmósferas, lugares, conversaciones; para él Lebu tenía esa connotación identitaria y fuertemente sanguínea. Espiritualmente mi padre nunca dejo de estar y escudriñar en su natal Lebu. Ciertamente volvió muchas veces durante toda su vida, empeñado cada vez más, (puesto que era su misión), en aclarar y determinar el origen exacto de Lebu, y así lo hizo hasta que sus tenaces investigaciones finalmente lo llevaron a rectificar definitivamente la fecha fundacional de esta ciudad, correspondiéndole el honor de redactar el texto de la placa conmemorativa. El hijo de Lebu, que tempranamente partió de aquel Lar, durante todo su extrañamiento no hizo más que devolverle finalmente a su ciudad natal, su verdad histórica. Creemos que este es un hecho de connotaciones maravillosas, que no se repite comúnmente, y es que la estrella del sur estaba en la frente de Alejandro Pizarro Soto. He querido dar cuenta de estos hechos y evocaciones partiendo desde ese encuentro fortuito con mi padre en la Estación Central, escenario clave para mí en estos últimos años para comprender la génesis de su obra como historiador y también clave para entender su telúrica emocionalidad, sus arrebatos, su nostalgia del origen. En ese grito o vociferación de mi padre nombrando a Lebu, encuentro resumida toda su vida, ya que en él vida y obra forman una simbiosis memorable, siempre cercano a los anaqueles y bibliotecas, a los documentos y a la vehemencia documental, su vida y su obra terminaron siendo lo mismo, carbón de una misma roca. Quisiera también decir que esta evocación de mi padre, me lleva al árbol genealógico de los Pizarro, y debo dar cuenta que hace unos meses, exactamente en el mes de marzo, (mes en el cual nació) tuve la oportunidad y dicha de sentarme en una gran mesa, en ese gran reencuentro de los Pizarros que mi


10


Page 1  |  Page 2  |  Page 3  |  Page 4  |  Page 5  |  Page 6  |  Page 7  |  Page 8  |  Page 9  |  Page 10  |  Page 11  |  Page 12  |  Page 13  |  Page 14  |  Page 15  |  Page 16