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Oriol Rodés


Nace en Barcelona, en 1942. Cusó estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona (La Llotja), practicando varias disciplinas artísticas, siendo alumno del profesor Joseph Mª Garrut i Romà. Entre 1965 i 1975 pasó largas temporadas pintando al óleo “en plein air”, buscando parajes y rincones de Catalunya, habiendo parte de sus obras en colecciones particulares, “El Tranvía Balu”, “Tiar”, “La Rambla”, etc… y participando en numerosos concursos de pintura rápida.


Se desplaza a Madrid para formarse en el estudio de obras de Arte del Museo del Prado (1980), así como a París, Museo del Louvre por el mismo motivo. En 1985 expone sus obras sobre la obra modernista de Gaudí, “La Pedrera”, “Parc Güell”,… en la “Metropolis Galerie Internationale d’Art” sita en Ginebra (Suiza). Siendo su temática preferida la figura, ingresó desde 1989 en el Real Círculo Artístico de Barcelona para perfeccionarse en la pintura y dibujo del desnudo. Se considera autodidacta, está trabajando actualmente “el contraluz” y bodegones figurativos (Escuela Holandesa), ha evolucionado desde un postimpresionismo hasta una cercanía al prerrafaelismo. El desnudo le ha llevado a la difícil disciplina de Retrato como exponente del respeto que debe tener el artista a la persona humana.


Sin duda alguna, nos hallamos ante uno de los grandes artistas catalanes del siglo XXI, que con su pintura “en plain air” capta con sus óleos los más maravillosos paisajes de nuestra tierra. Oriol Rodés es un inconformista con sus creaciones, que buscan siempre la perfección. Doctorado en los museos del Prado y el Louvre, no se detiene ante su sabiduría pictórica, busca nuevos horizontes, con trabajos sobre el modernismo de Gaudí, el cuerpo humano y el desnudo, que trata con fidelidad y respeto, que son la base de sus principios éticos. A través de la luz y el contraluz, ofrece al entendido un impacto visual brutal por su perfección, que pasa del postimpresionismo al prerrafaelismo. Pero ante todo, impera su propia personalidad, que demuestra estar cargada de experiencia y oficio de investigación. Su obra no pertenece a códigos sociales, modas o estilismos ajenos, toma ante todo un fondo invariable. Oriol jamás practica el culto a la personalidad, ya que es el máximo de exigente consigo mismo, por lo cual su trabajo no hay que comprenderlo ni analizarlo; basta con mirarlo y ver la realidad a través de la ventana de sus cuadros. Por todo ello, se le puede aplicar el adjetivo de ¡único!.


Joseph Lluis Ponce, crítico de arte 22


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