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Por lo tanto –añade De Mirville-, los planetas principales son, según San Clemente, respecto a los siete


espíritus primievales, lo que el candelabro solar es respecto a Cristo, es decir, sus vasos o ..... Esto es bastante claro, para que sea seguro; aunque no se ve cómo resuelva la cuestión. Los siete brazos


del candelabro de los israelitas, así como los “errantes” de los griegos, tenían un significado mucho más natural y puramente astrológico. De hecho, desde los magos caldeos hasta el escarnecido Zadkiel, todos los astrólogos dijeron en sus obras que el Sol está en medio de los planetas con ´saturno, Júpiter y marte por un lado, y venus, Mercurio y la Luna por el otro. La línea de los planetas pasando a través de la Tiera, según Hermes simboliza el hilo deldestino, es decir, de todo cuanto por el influjo de su acción se llama destino (21). Pero símbolo por símbolo, preferimos el Sol a un candelabro. Si bien podemos comprender que éste represente al Sol y los planetas, no podemos admirar la elección del símbolo. Grandiosamente poético es considerar al Sol como vehículo de la Divinidad suprema, como el “ojo de Ormuzd” o de Osiris; pero no resulta muy glorioso para Cristo representarle por el brazo mayor de un candelabro de sinagoga (22). Hay, en verdad, dos soles: el adorado y el adorante. El Apocalipsis lo prueba: La palabra se halla en el capítulo VII del Apocalipsis, en el ángel que asciende con el Sol levante y lleva el


sello de Dios vivo... Los comentadores discrepan acerca de la personalidad de este ángel, pero San Ambrosio y otros teólogos opinan que es el mismo Cristo... Es el Sol adorado. Pero en el capítulo XIX, vemos un ángel residente en el Sol, que invita a todas las naciones a congregarse para la gran cena del cordero. En este caso se significa literal y simplemente el ángel del Sol que no puede confundirse con el “Verbo”, pues el apóstol lo distingue claramente del Rey de reyes y Señor de señores... El ángel en el Sol parece ser un Sol adornte. ¿Quién puede ser éste sino la estrella de la mañana, el ángel


custodio del Verbo, su ferouer o ángel de la faz, del mismo modo que el Verbo es el ángel de la presencia de su Padre, su principal fortaleza y atributo como indica su mismo nombre de Mikael, el poderoso rector glorificado por la Iglesia, el Rector potens que ha de vencer al Anticristo. El Vice-Verbo, en suma, que representa a su dueño, y parece identificado con él? (23) Efectivamente, Mikael es el supuesto vencedor de Ormuzd, Osiris, Apolo, Krishna, Mithra y demás


divinidades representativas del Sol, conocidas o desconocidas, que ahora se equiparan al demonio o “Satán”. Sin embargo, el “vencedor” no ha desdeñado adornarse con los despojos de los vencidos, esto es, con sus personalidades, atributos y aun nombres, convirtiéndose en alter ego de tales demonios. Sigue diciendo De Mirville: Así el dios Sol es aquí Honover o el Eterno. El príncipe es Ormuzd, puesto que está al frente de los siete


amshaspends [remedos demoníacos de los siete ángeles primitivos] (caput angelorum), y es además el cordero (hamal) el pastor del zodíaco y el antagonista de la serpiente. Pero el Sol (el ojo de Ormuzd) tiene también su rector, llamado Korshid o Mitraton, que es el ferouer de Ormuzd, su Ized o estrella de la mañana. Los mazdeístas tenian un Sol trino... Para nosotros este Korshid-Mitraton es el jefe de los genios psicopompianos, el guía del Sol, el inmolador del toro [o cordero] terrestre cuyas heridas lame la serpiente [en el famoso monumento de Mithra] (24). Al tratar San Pablo de los cosmocratores o gobernantes de este mundo, repitió lo dicho por todos los filósofos


de los diez siglos anteriores a la era cristiana, sólo que fue difícilmente comprendido y a veces deplorablemente interpretado. Damasceno copia las enseñanzas de los escritores paganos al decir que: Hay siete series de cosmocratores o fuerzas cósmicas, subdivididas en dos categorías: la primera sostiene y


regula el mundo superior; la segunda, el inferior [el nuestro]. Esto es precisamente lo que los antiguos enseñaban. Jámblico expone este dogma de la dualidad de todos


los planetas y cuerpos celestes, de los dioses y de los daimones (espíritus). También divide los Archontes en dos clases, unas más y otras menos espirituales. Estas últimas se relacionan más con la materia y de ella se revisten, pues tienen forma, mientras que las primeras carecen de cuerpo (arûpa). Pero ¿qué tienen que ver con esto Satán y sus ángeles? Tal vez únicamente la identidad de los dogmas zoroastriano y cristiano, y la de Mithra, Ormuzd y Ahriman con el Padre, el Hijo y el Diablo de los cristianos. Al decir “dogmas zoroastrianos”, damos a entender el conjunto de enseñanzas exotéricas. ¿Cómo se explica que entre Mithra y Ormuzd haya las mismas relaciones que entre Cristo y el arcángel San Miguel? Ahura Mazda dice al santo Zaratushta: “Cuando Yo creé [emané] a Mithra... lo creé de modo que pudiera ser


invocado y adorado como Yo mismo”. Impelidos por la necesidad de reformas, los arios zoroastrianos transformaron en devs o dibalos a los devas


o brillantes dioses de la India; pero quiso el karma que los cristianos vengasen en este punto a los indos; pues Ormuzd y Mithra son ahora los devs de Cristo y Mikael, el aspecto tenebroso del salvador y del Arcángel. También ha de llegar el karma de la teología cristiana. Los protestantes ya han abierto camino a la religión que se propondrá convertir en demonios e ídolos a los “Siete Espíritus” con sus huestes de los católicos romanos. Las religiones tienen su karma como lo tienen los individuos. Han de acabar algún día los conceptos humanos fundados en el desprecio de los hombres que no se conforman con nuestro gusto. “No hay religión superior a la verdad”. Los zoroastrianos, mazdeístas y parsis tomaron de la India sus conceptos religiosos; los judíos tomaron de


Persia su teoría de los ángeles; y los cristianos la tomaron de los judíos. De aquí la última interpretación teológico-cristiana del símbolo del candelabro que, con gran disgusto de las


sinagogas, admitió también el cristianismo, aunque como representación de las siete Iglesias de Asia y de los Siete planetas cuyos ángeles custodian estas Iglesias. De aquí asimismo la convicción de que los judíos,


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