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Subsistió Roma; pero sólo tuvo los misterios menores, sombras de las ciencias ocultas. La gran iniciación se había extinguido. A pesar de ser tan docto y erudito, no deja de incurrir Ragon en algunos grandes errores cronológicos.


Damos algunos pasajes de su obra Masonería oculta, por referirse directamente a nuestro asunto: Al hombre divinizado (Hermes) sucedió el rey-sacerdote (hierofante) Menes, que fue el primer legislador, y


fundó a Tebas, la ciudad de los cien palacios, colmándola de esplendor. Entonces comienza en Egipto la era sacerdota. Los sacerdotes reinan y gobiernan. Dícese que se sucedieron 329 hierofantes, cuyos nombres no han pasado a la historia. Pero como llegaran a escasear los genuinos adeptos, los sacerdotes, según afirma Ragon, escogieron otros


falsos de entre la turba de esclavos, y los presentaban a la adoración de las masas ignorantes, coronándolos y deificándolos. Cansados de la ominosa tutela a que los sacerdotes les tenían sujetos, rebeláronse los reyes y conquistaron


la plenitud de su soberanía. Entonces advino al trono Sesostris, el fundador de Menfis (1.613 años, se dice, antes de J. C.). A las dinastías de sacerdotes sucedieron las de guerreros... Cheops, que reinó de 1178 a 1122, levantó la gran pirámide que lleva su nombre. Se le acusa de haber perseguido a los sacerdotes y cerrado los templos. Esto es completamente inexacto, por más que Ragon pretenda darle valor histórico. La gran pirámide


llamada de Cheops, data al menos, según el Barón de Bunsen, de 5.000 años antes de J. C. A este propósito dice Bunsen en su obra Lugar de Egipto en la Historia universal (6), que “los orígenes de Egipto se remontan a 9.000 años antes de la era cristiana”. Y como la gran pirámide era el lugar sagrado de los misterios e iniciaciones (pues se edificó a este propósito), no concuerda con hechos históricos comprobados el suponer que Cheops, si fue el fundador de la gran pirámide, persiguiese a los sacerdotes y cerrase los templos. Además, la Doctrina Secreta enseña que Cheops pudo construir cualquiera otra pirámide, pero no la que lleva su nombre. Lo ciertamente histórico es que “a causa de una invasión etíope y de la confederación [formada en 570 antes


de J. C.] por doce caudillos, el cetro egipcio cayó en manos de Amasis, hombre de baja cuna”, quien derrocó el poder sacerdotal, “pereciendo así la antigua teocracia que durante muchos siglos había sostenido la corona de Egipto en las sienes de sus sacerdotes”. Antes de la fundación de Alejandría era Egipto centro de atracción para los estudiantes y filósofos del mundo


entero, y a este propósito dice Ennemoser: ¿Cómo es posible que sepamos tan poco de los misterios, no obstante haber subsistido durante tanto tiempo,


en tan diversas épocas y en tan distintos países? La mejor respuesta es el profundo y universal sigilo de los iniciados, al que podemos añadir la destrucción y pérdida de los textos referentes a los conocimientos secretos de la más remota antigüedad. Los libros de Numa, descritos por Tito Livio y hallados en la tumba de aquel rey, trataban de filosofía natural;


pero no se divulgaron en su época, a fin de que se mantuvieran en secreto los misterios de la religión nacional... El senado y los trribunos del pueblo acordaron quemar dichos libros, como así se hizo (7). Cassain menciona un libro, muy conocido durante los siglos IV y V, que, según tradición, se atribuía a Cam,


el hijo de Noé, que a su vez se decía haberlo recibido de Jared, de la cuarta generación de Seth, hijo de Adam. Los sacerdotes egipcios enseñaban también alquimia; si bien esta ciencia es tan antigua como el hombre.


Muchos autores opinan que Adán fue el primer adepto, fijándose en el nombre que significa “tierra roja”. La verdadera interpretación, bajo su velo alegórico, nos la da el sexto capítulo del Génesis al hablarnos de los hijos de Dios que tomaron por esposas a las hijas de los hombres, a las que revelaron muchos misterios y secretos del mundo fenomenal. Dice Olaus Borrichius que la cuna de la alquimia ha de buscarse en tiempos remotísimos. Demócrito de Abdera era un alquimista y filósofo hermético. Clemente de Alejandría escribió mucho sobre esta ciencia, y Moisés y Salomón sobresalieron en ella, según se cree. Dice W. Godwin: El primer documento auténtico referente a la alquimia es un edicto de Diocleciano, de unos 300 años


después de J. C., ordenando que se hiciesen en Egipto diligentes investigaciones acerca de todos los libros antiguos que tratasen del arte de hacer oro y plata, para que sin distinción fuesen entregados a las llamas. La alquimia de los caldeos y de los antiguos chinos, no fue tan siquiera la progenitora de aquella otra


alquimia que floreció entre los árabes siglos más tarde. Hay una alquimia espiritual y una transmutación física. El conocimiento de ambas se comunicaba en las iniciaciones.


SECCIÓN XXXIV LOS SUCESORES POSTCRISTIANOS DE LOS MISTERIOS Se habían extinguido los misterios eleusinos. Sin embargo, legaron ellos sus principales características a la


escuela neoplatónica de Amonio Saccas, cuyo sistema ecléctico estaba caracterizado por la teurgia y el éxtasis. Jámblico añadió la doctrina egipcia de la teurgia con sus prácticas; y el judío Porfirio se opuso a este nuevo elemento. Pero la escuela neoplatónica, con pocas excepciones, practicó el ascetismo y la


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