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Colombia aprovechó las elecciones regionales para decir adiós al uribismo


Ninguno de los candidatos apoyados por el expresidente logró un triunfo electoral Santos tiene ahora vía libre para aspirar a un segundo mandato


Álvaro Uribe Vélez, el principal protagonista de la vida política colombiana en la última década, fue el gran derrotado en las elecciones regionales llevadas a cabo el pasado 30 de octubre.


Por: Armando Neira la hora de imponer sus deseos. H


Así, por ejemplo, en la cumbre de Bariloche, en 2009, se enfrentó en solitario a los presidentes de Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, que le transmitieron sus quejas por la instalación en Colombia de siete bases militares de EU.


Uribe se mostró sólido y vehemente en sus posiciones sin mostrar un rasgo de debilidad a pesar de que solo él y su médico personal sabían que tenia el virus de la gripe H1N1. Entonces, se lo vio trabajando a través del teléfono.


Gestos como este volcaron a su favor la opinión pública que siempre le entregó una aprobación superior al 70%. Era tan abrumador el respaldo que él se creyó irreemplazable.


Cambió la Constitución en beneficio propio para lograr su reelección. Pero en su segundo periodo se empezaron a destapar gravísimos escándalos de corrupción y abuso de poder con protagonistas cada vez más cercanos a su entorno. Sus áliados le decían en la Casa de Nariño que debía buscar un tercer mandato, porque sus grandes éxitos en seguridad y recuperación económica se irían al traste.


En esa dinámica el país entró en un estado de patria boba en el que los apocalípticos pronostica- ban la hecatombe si Uribe no continuaba al mando. Fueron un par de años de discusión hasta que la Corte Constitucional sentenció que Uribe no podía volver a aspirar a la presidencia jamás.


Entonces buscó a un joven pupilo suyo, Andrés


Felipe Arias, tan afín que se hacia llamar Uribito, para que defendiera sus banderas en las elecciones presidenciales de 2010. Sin embargo, el país se inclinó en las urnas por Juan Manuel Santos, más formado académicamente y con más preparación de estadista, y con la experiencia de haber sido su ministro de Defensa.


Sin embargo, en un país donde reina una tre- menda organización de los partidos y el caudillis- mo es la norma, él creyó que iba a volver a ganar en cuerpo ajeno. “Uribe puso toda la carne en el asador y se le quemó”, dice el analista político León Valencia para retratar lo vivido por el expresidente ese domingo 30 de octubre.


En efecto, ninguno de sus candidatos resultó


electo. Ni siquiera en Medellín, ni en Antioquia, su feudo natural. En esta capital ganó el liberal Aníbal Gaviria y en el departamento venció el líder de los Verdes Sergio Fajardo, quien simboliza que en Co- lombia ya no hay ambiente para las posiciones de clara confrontación como las que pregonaba Uribe.


En igual sentido leyó su triunfo el excombatiente


del M-19 y principal contradictor político de Uribe, Gustavo Petro, su elección en Bogotá: “(Mi victo- ria) significa que Bogotá no cayó en la trampa del odio”, en clara alusión a los ocho años del gobierno de Uribe que en su afán por imponer la paz polarizó al país al extremo de que quien no estaba con él era estigmatizado de terrorista, como le ocurrió al ahora alcalde electo de la capital.


Del círculo más cercano a Uribe, Arias se encuen- tra en la cárcel, y otros barones electorales que él estaba preparando como presidenciables, también fueron derrotados en estas elecciones. El más importante es Oscar Iván Zuluaga, quien fuera su ministro de Hacienda, y quien volcó sus esfuerzos en Caldas y Pensivania con un resultado desolador: perdió tanto en su departamento como en su natal poblado.


Si bien en política se dice que nunca nadie está


muerto, en el caso de Uribe hay una paradoja insalvable: hoy por hoy es el único colombiano que legalmente no puede aspirar a volver a ser presiden- te de Colombia.


asta entonces, Uribe (Medellín, 1952), acostumbrado a las grandes batallas, para él no había obstáculos insalvables a


Año 5 | Vol. 86| 2011 | 19


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