This page contains a Flash digital edition of a book.
La enfermedad de Dionisios

La noche se enreda en sus risos, su voz, su dolor. Supongo que la fiebre es la expresión física de la soledad, los escalofríos de la angustia y el dolor de las articulaciones de la incertidumbre. Estar enfermos nos comunica con nosotros mismos, con nuestra fragilidad, nos reconocemos impermanentes, como la niebla cerca al amanecer, quizá por eso, de alguna manera, todo amanecer es triste. ¡Ah!, despiertas. El doctor me dijo que la infección es muy fuerte, sin embargo sanarás. No, no te asustes, estoy contigo y te quiero. ¿Qué te hable de mis filósofos? ¡En este momento! Mejor descansa, mientras ronroneo mis yemas en tu cabeza... -Dices que estas harta de descansar- Esta bien... Vaya, mira ahora que lo pienso la filosofía se me hace algo más triste que esperanzadora. -No me hagas esa cara, no combina con tu rostro pálido- Bueno, había una vez una reina, en Tebas, de nombre Semele. Amó un Dios, que se le presentó como una nube relampagueante: Zeus; pero el deseo creció como la hiedra en su interior y floreció, rastrera, como curiosidad, quiso ver al rey de los dioses tal como era y murió calcinada por su rayo... - ¿Qué tiene que ver con la filosofía? Espera un poco impaciente, ya lo sabrás. No, no temas, besarte no me contagiará-. Sin embargo, su vientre conservaba la vida, un pequeño bebé, aún en gestación, que Zeus salvó guardándolo en su muslo hasta que fuera tiempo de su nacimiento. - ¿Que no te mire, que te sientes horrible? Recuerdas cuando regresábamos del viaje al litoral. Si, cuando te dije que te amaba como el horizonte a las plegarias de un clérigo, bajo el crucifijo de la aurora. ¡Qué memoria la tuya! La verdad, el mar me transforma en turista inspirado-. ¿Evocas el crepúsculo? ¿No?, yo sí: Estaba el cielo inundado de lagunas de mercurio, algunos de sus bordes se regaban a intervalos sobre los restos de las brazas de una tarde calcinante, uno fulgor de color añil escapaba de las hogueras humedecidas. El firmamento lucía triste, pálido, cansado, magnífico en su tristeza, bello como nunca, así luces tu, más bella, más mía. -Gracias por el suspiro-. Sigo con la historia: Dionisios, hijo del fuego, creció y despertó la envidia de los titanes quienes finalmente lo devoraron para consumir la divinidad que lo constituía.

okemampa@yahoo.es 8 Page 1  |  Page 2  |  Page 3  |  Page 4  |  Page 5  |  Page 6  |  Page 7  |  Page 8  |  Page 9  |  Page 10  |  Page 11  |  Page 12  |  Page 13  |  Page 14  |  Page 15  |  Page 16  |  Page 17
Produced with Yudu - www.yudu.com