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Te escribo bajo el sol reseco de un cielo árabe. Sí, aquí el firmamento es árabe, el aire pálido y granuloso, las paredes calcáreas, son árabes, ¿un misterio?, no lo sé, simplemente es algo que tienes que sentirlo. Te extraño, el hecho de que alejarme fuera mi decisión no lo hace más fácil. Pensaba justamente en eso mientras me afeitaba, quizá sería mejor decir mutilaba, y le culpaba a Nietzsche de tu ausencia. Enseñaba que la razón no basta, que la realidad es incesante, vertiginosa, cambiante, por ello afirmó que es imposible lograr una comprensión fija y definitiva de la realidad, la vida es perspectiva, la vemos y vivimos desde diferentes y personales facetas, y estas cambian tanto como nosotros mismos. Determinados por múltiples impulsos, cada uno acarreando su propia perspectiva, luchando entre sí, la vida es un eterno combate por coexistir con uno mismo. Y la lucha en mi interior no cesaba. Quería quedarme a tu lado, yacer, al mismo tiempo buscar, volar y es que como diría Nietzsche el ser es devenir, por que siempre se esta haciendo, siempre en proceso. Yo había dejado de "hacerme a mi mismo", al detenerme en una sola perspectiva me había anclado en la apariencia, en el fenómeno, negando la misma realidad que buscaba hallar; pero el mundo está hecho de puntos de vista, así se nos muestra, así la podemos entender, es su esencia. En este devenir, en este incesante fraguarse del futuro, el ser humano se convierte en niño. Ya sé lo que estarás pensando, que tenía que encontrar una justificación para mi inmadurez. Sin embargo, Nietzsche se refería a la capacidad de los niños de vivir libres de prejuicios, de jugar con la vida, de recrearla; "Dios ha muerto, la vida se torna experimento", es hora de hundirse en el río del devenir. Quería, no ser más el camello con el que Zaratustra compara a quienes se arrodillan para cargar con sus obligaciones, obedecer ciegamente y aceptar sin más los valores que se presentan como creencias. Recuerdas, amor mío, en ese momento deseaba librarme de tanta creencia, de valores que todavía no acepto ni me agradan, de imposiciones sociales y morales enfermas y vacías, quise convertirme en un león, es decir, en un negador, símbolo del nihilista según Zaratustra, que rechaza los valores tradicionales y al fin ser un niño que aprende de nuevo a vivir; también un equilibrista, que camina por la cuerda floja, acepta el riesgo de crearse a si mismo y pelear contra la imagen trágica de la vida. Ves, decididamente sigo intentándolo.

okemampa@yahoo.es

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