Estaban "muy juntos", como si el muy fuera una palabra sucia, que oliera igual que un callejón infestado de ratas y basura, el olor de la traición impregnaba mi nariz, mi piel, tu recuerdo. ¡No, tenía que parar, ordenar el caos, buscar una salida, ¿pero cómo? Fue cuando recordé a Descartes, la idea me pareció absurda, al principio, sin embargo me ayudó a calmarme. Debía separar el problema en sus elemetos, el análisis, luego "dividir cada una de las dificultades en tantas partes como sea posible para resolverlas mejor" y obtener así la evidencia contenida en ideas claras y simples, tendría que hacerlo en orden y finalmente ver el todo, y la solución del problema, la síntesis. Por un lado estaba la llamada, se que te conoce, la dirección de tu trabajo, la descripción de tu ropa concuerdan. Quizá estuviste con alguien, de esto no tengo seguridad. Por otro lado te tengo a tí, y las evidencias caen como una cascada de palomas. Se de ti, con verdad, que tus labios se expanden en el horizonte y amanecen como el llanto festivo de la aurora, de la evidencia de tu piel recorriendo mis manos, mi voz, mis ojos. Son ideas claras y distintas, se prenden de mi retina diáfanas, luego invaden mi pecho, exploran mi vientre, divagan entre mis tendones y se anudan con los tejidos carmesí de los músculos. También estas osea, medular en mis huesos, formando el esqueleto de mis emociones. Sí, se con evidencia que te quiero, ahora puedo llamarte. Te llamé enmohecido, semántico. Te pregunté por tu vida. Nada nuevo. La oficina, la responsabilidad, ¡Ah!, fuiste a la librería camino a casa, con un compañero de oficina, quería alguno de los libros de filosofía que yo te doy a leer. Sonreí, tu preguntaste por el tono irónico de mi risa. Te contesté con un alegato, casi machista, sobre los derechos de posesión, tu eras mia y el artilugio de preguntar sobre mi filosofía era un siniestro pero tenue intento de acercarme a tí. Paranoico - dijiste con tu prosa burlona - no temais, si esta doncella presiente el peligro llamará a su aguerrido y valiente caballero. Esa era mi única certeza, que te amaba, y la decisión venía conforme, estar contigo mientras la vida se contenga en mi cuerpo. Como decía Descartes, la duda metódica te debe conducir a la verdad. ¿Pero si a pesar de esto me engaño?, solo me queda decir: Siento, luego existo.
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