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Podemos medir la temperatura en diferen- tes partes del cuerpo:

• Zona rectal (medida en las nalgas)

38 °C

• Zona oral (medida en la boca)

37,5 °C

• Zona axilar (medida bajo el brazo)

37,2 °C

Los signos que la evidencian son: tempera- tura corporal alta, temblores o tiritona oca- sional, rubor facial, sudor y, en ocasiones, extremidades frías y pálidas. Ante la sospe- cha de fiebre en el niño, debemos tomarle la temperatura con un termómetro.

de tres meses, se produzcan espasmos, rigidez o convulsiones, se altere el triángulo de evaluación pediátrico o aparezcan erup- ciones o manchas, debemos acudir sin falta al centro salud o llamar al 112.

Convulsiones febriles

Las convulsiones febriles o convulsiones inducidas por fiebre son aquellas que se desencadenan por la subida brusca de la temperatura corporal del niño. Generalmen- te son debidas a una infección respiratoria de las vías superiores causada por un virus, infecciones del oído o roséola.

Cuando tu hijo tiene fiebre, no debes abrigarle para que sude, darle bebidas calientes, bañarlo en agua fría o darle antibióticos sin prescripción

También existe una gran variedad de sínto- mas que van desde la pérdida del conoci- miento a los temblores espasmódicos de todas o algunas de las partes del cuerpo. Algunas de estas convulsiones pueden ma- nifestarse en episodios de mirada fija e incluso en cambios en la visión y las sensa- ciones, muy difíciles de detectar.

Si dada la fiebre, el estado del pequeño nos preocupa, hemos de acudir al pediatra y controlar la temperatura con los medica- mentos prescritos.

También debemos controlar en todo mo- mento el aspecto de la piel y la respiración del niño, mantenerle poco abrigado, darle bebidas frescas y ligeras para reponer los líquidos perdidos por el sudor y refrescarle con agua tibia por medio de compresas o en la bañera.

Lo que no debemos hacer es abrigar al niño ‘para que sude’, darle bebidas calientes, bañarlo en agua fría o darle antibióticos u otro tipo de medicación no prescrita por un doctor.

En los casos en los que la fiebre supere los 40 grados, se presente en lactantes menores

Alrededor del 3-5% de los niños con edades entre 4 -5 meses hasta los 5 años de edad tendrán una convulsión causada por fiebre. La mayoría de estas convulsiones ocurren en las primeras 24 horas de una enfermedad y no siempre en el punto más alto de fiebre.

El tiempo de duración de la convulsión febril puede ser de unos segundos hasta 15 o 20 minutos y es más probable que se re- pitan si existen antecedentes, si la primera convulsión sucedió antes de los 12 meses o si la convulsión cursó con una fiebre por debajo de 39 °C.

Los síntomas pueden llegar a ser muy variados, desde que se le volteen los ojos, a la contracción repentina de los músculos de la cara, tronco, brazos y piernas, rigidez de las extremidades, convulsiones generaliza- das de todo el cuerpo o incluso la pérdida del conocimiento (lo cual deberemos tener en cuenta a la hora de mantener la respira- ción en nuestro niño).

www.cruzroja.org

Para más información:

Redacción: Juan Antonio Jiménez Barranco, Forma- dor de Cruz Roja Comunidad de Madrid

¿Qué debemos hacer ante las convulsiones?

A continuación, os ofrecemos unos pasos sencillos que os pueden ayudar en el mo- mento de una convulsión:

Mantén la calma. Recordemos que se tra- ta de un proceso habitualmente benigno.

Coloca al niño en un lugar seguro para

evitar lesiones durante la convulsión.

Quita los objetos que puedan lesio-

narle y almohadilla la zona de la cabeza.

Afloja todo tipo de ropa ajustada, con

especial atención a la zona del cuello y si es posible descúbrele de cintura para arriba.

No intentes contener los movimientos

que el niño esté realizando, deja que se mueva libremente.

Si tuviera algún objeto en la boca, sácaselo

con cuidado y observa que no existe nada que obstruya su respiración.

Si vomita o acumula mucosidad o saliva en

la boca, voltéalo de lado o boca abajo.

Una vez terminada la convulsión de- bes llevar al niño a su pediatra, con

especial rapidez si presenta síntomas de cuello rígido o somnolencia.

En una situación tan desagradable como esta, en la cual los padres sufrimos mucho por nuestros hijos, debemos mantenernos calmados para transmitir tranquilidad a nues- tro niño en la fase final de las convulsiones (fase post-convulsiva), en la cual recupera la consciencia y se encuentra desorientado y asustado sin saber qué le ha ocurrido.

El mantenernos calmados en esta situación tan difícil nos facilitará recordar todo lo sucedido con anterioridad a las convulsio- nes, durante y después de éstas, lo que será de una ayuda enorme al facultativo a la hora de hacer un buen diagnóstico y por lo tanto de elegir el mejor tratamiento para las con- vulsiones de nuestro hijo.

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