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el Cuervo Imaginario
Conjugo tres deseos sobre el papel que me acompaña silencioso y vacío — ésta
servilleta, la que me vio titubear y batallar ante la noción que me trajo a estas costas tan
distintas a las que dejé en otro paralelo — pero cuando la cuestión se pone color de
hormiga brava, la servilleta sigue en blanco, los deseos continuan como colores en la
oscuridad, como sombras recostadas sobrel claroscuro que traza la luna cuando
duerme —
Pero deambulo por el sendero de una disgresión inoportuna. Y lo digo así porque sino
ella piensa que no la quiero, que no la respeto, que no le hablo como muy bien debería
de hacer; y regreso a los deseos de soslayo, como quien no quiere la cosa — A ver,
¿qué te queda de tu triste imaginación? Me pregunta sarcástica. Yo hago caso omiso,
para no intolerar, para no acabar con el sosiego veraniego que todavía me habita y en
ocasiones me desconcentra. Ganar, o sea, la victoria en el combate no es uno delos
deseos, no, o por lo menos no en la medida que sí lo es un chorro de agua fría, una
llamada acertada, aunque inesperada (y como dicen, los aciertos son de Ostiamundo y
los errores de mi autoría ! por eso no te debe extrañar que nunca me salga la palabra
precisa, el piropo florido, la gracia verbal ésa tan tuya).
El retorno de los deseos sucede como cualquier otro acontecimiento desos que se
plasman en un pedazo de papel; ocurre paulatina, luego repentinamente, no tan
diferente a lo que viene siendo, al final de la noche, una criolla — aquí las huestes
pudorosas, conviéneles, dejen de leer para evitar un disgusto insospechado, un sabor
desos desagradables, como lo es la víspera de una ausencia, la blandura irreparable de
una hombría antel coyunto de una disyuntiva, la seca inescapable de un desvelo
involuntario
27número 40-41, julio 2008 a junio de 2009
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