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el Cuervo Imaginario
hijos y menos con sus esposas. Los hay que tienen a sus hijos criados por madres ajenas. Yo le
dejé el asunto de los tocadiscos a mis padres, y ellos mismos compraron tocadiscos compactos
cuando el tocadiscos viejos ya empezó a ser algo raro muy difícil de conseguir.
Aunque tenía una colección de discos de vinil bastante gruesa y pesada, cuando nació mi hijo
dejé de escuchar música. Ahora me pasaba la mayor parte del tiempo pensando en mi hijo y ya no
pensaba en la nena que me vendía los tocadiscos viejos. La había dejado olvidada porque no era
mi novia. Me había tratado con cierta distancia porque yo era para ella el nieto del vendedor de
radios de su pueblo. Supe que su negocio había crecido y que incluso vendía tocadiscos compactos
para carro, algo que yo siquiera lejanamente había pensado poner en mi carro. Más nieta de él
parecía ella, que seguía vendiendo tocadiscos, que yo que me había dedicado a escribir cuentos
para mi hijo y otros niños de su edad.
Cuando mi papá estaba casi al borde de la otra vida, volvió a hablarme de lo que él quería
que hiciera yo con los tocadiscos en los años siguientes a su fallecimiento. La muchacha que me
vendía los tocadiscos había tenido una hija, y la traía a la casa de vez en cuando con una de sus
nodrizas. Un día en que trajeron a la nena chiquita, mi papá me volvió a hablar de los tocadiscos.
-Estuve en una tienda de descuentos que está liquidando unos tocadiscos de aguja a precios
muy módicos. Yo compré uno y lo traje a la casa. Ahora, quisiera que para que durara compraras
otro.
Aunque yo hubiera preferido comprar un tocadiscos compacto, le hice caso a mi papá y
compré otro tocadiscos viejo para mí. Me puse a pensar menos en mi hijo y otra vez en el asunto
de la muchacha que me vendía los tocadiscos.
-No voy a durar mucho- me dijo mi papá. –De manera que yo te aconsejo que le sigas dando
el gusto de comprar tocadiscos viejos. Deja que tu mamá se encargue de comprar los tocadiscos
nuevos.
Como dos años después de la muerte de mi papá, todavía seguía oyendo música en los
tocadiscos viejos y pensando menos en mi hijo. Ahora tenía que tener presente el asunto de los
tocadiscos otra vez. Un día en que nadie me estaba mirando, compré un disco compacto de todos
los “hits” de un grupo que cantaba muchas canciones sobre los niños y sus padres. Casi no escucho
música ahora, pero de vez en cuando escucho a ese grupo en particular. No pienso en la novedad
de los nuevos aparatos. El tocadiscos compacto que nunca tuve de joven ya es una cosa vieja, igual
que la música que escucho todavía. Pero para oir música me dejo llevar por sentimientos.
39número 40-41, julio 2008 a junio de 2009
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