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Las heroínas olvidadas de La Llamarada
PEPIÑA
e ingenua, y carece de la fuerza de carácter necesaria
para enfrentar la verdad de su origen y la burla de
Josefina Duval, hermana menor de Ivonne, la
sus condiscípulas, por lo que prefirió renunciar a
esposa de Juan Pedro Moreau, es francesa de
sus estudios y refugiarse en su microcosmo de Santa
nacimiento. Su cuñado la llamaba Pepiña (48) y la
Rosa, pues allí se sentía protegida por sus tías y a
niña se olvidó de Francia, se amoldó perfectamente
salvo de los comentarios mordaces de sus
a su nueva vida y a su nuevo nombre. Pepiña era
compañeras. Pensó, quizás, que ignorando los
una espigada joven de unos dieciocho o veinte años,
problemas los haría desaparecer. Sin embargo,
elegante pero sencilla; esta muchacha discreta,
Delmira, a pesar de su naturaleza enfermiza y
decidida y valiente se mostraba muy segura de sí
apocada, supo amar intensa y desinteresadamente,
misma. Era una ávida lectora y excelente amazona
hasta llegar al sacrificio. Cuando comprende que
que amaba la Naturaleza y la vida sana al aire libre.
Borrás sólo siente por ella un cariño fraternal, decide
Ella irradiaba una arrolladora simpatía y vitalidad,
renunciar a su amor en aras de la felicidad de su
por lo que desde el primer momento cautivó a Juan
amado, como lo revela en su diario. Al leerlo,
Antonio, quien pensó consideraba “tan atractiva su
reconoce un conmovido Juan Antonio: “Por las
personalidad que es para sentirse a su lado y no
páginas amarillentas del diario pasa Delmira como
para decirse” y fue para el joven desde ese mismo
una visión, envuelta en la blanca túnica de un gran
instante “la más bella de todas las mujeres”. (50)
cariño. Llora, ríe, sufre, goza. Pasan las sombras:
lágrimas, quereres truncos, dolorosos sentires,
Esta joven sincera quien poseía un criterio
desengaños, renunciaciones, regocijos...” En sus
independiente y liberal, desconocía todo tipo de
últimas líneas, Delmira confiesa: “Hoy me ha llamado
prejuicios sociales como lo demostró cuando le
hermana y sentí deseos de reír y de llorar. ¡Me ha
confiesa a Juan Antonio que había sostenido varias
llamado hermana! Desde hoy renuncio
conversaciones con el peón Segundo Marte, algo
terminantemente a ... ¡Soy su hermana! Quiero
que resultaba inusitado para una señorita de su
acogerme a la sombra de su cariño”. (161)
posición social. Borrás estaba lleno de prejuicios
atávicos y, en el fondo, sentía celos porque se
En la concepción de este personaje se
rumoraba que Marte estaba enamorado de Pepiña
entrecruzan algunos rasgos que podríamos
por lo que, sorprendido, le reprocha a la joven que
considerar reminiscencias de la idealización
dialogara con un peón, a lo cual ella contesta: “Y
romántica y ciertas características del determinismo
pudo haber sido otra cosa el pobre. Tiene
naturalista. Su descripción física responde a la de
inteligencia para ser otra cosa. Es un muchacho
una heroína romántica - hermosa, lánguida y
inteligente”. Y añade: “[Las diferencias sociales]
enfermiza como la María de Isaacs- incluso muere
son tonterías. Le aseguro que si yo me sintiera
víctima de la “enfermedad del Siglo”, pero a la vez,
inclinada a amar a un hombre humilde lo haría, y,
es una muchacha condenada a sufrir- como la
de ser correspondida, me casaría con él”. (171-
Silvina de Zeno- pues padece de una anemia
172) Pepiña se caracteriza, además, por sus buenos
perniciosa que irremediablemente la limita para
sentimientos, espíritu solidario y comprensión. Ella
poder casarse y tener hijos saludables; es decir, ni
anima a Borrás cuando él se halla abatido, luego
siquiera puede ser una mujer completa de acuerdo
del horrible fuego del cañizar y le pide que no se
con lo más tradicionales cánones que la sociedad
acobarde y que siga adelante. Incluso, lo alienta e
tiene reservados para la mujer. Delmira acepta
insiste con sus gestos y miradas para que el joven
resignada y sumisa su injusto destino, como si no
se decida y le declare su amor. Pepiña se convierte
existiese posibilidad de modificarlo, y nunca la
en la amiga confidente y el paño de lágrimas de
vemos ni luchar ni rebelarse.
Juan Antonio (201 y 207) y demuestra en algunas
16
Azucena Hernández Reyes
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