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Las heroínas olvidadas de La Llamarada
Resulta significativa la presencia y esencia Delmira y a Pepiña por los ojos de Juan Antonio,
femeninas en esta obra, pues en La llamarada no adquieren más relieve que objetos de su interés
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conviven mujeres de diferentes estratos sociales, sentimental”. Según Ruth Ortega Vélez: “Laguerre
las cuales con sus peculiares rasgos sicológicos y se limita a presentar a la mujer que no cuestiona las
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sociológicos, juegan un papel determinante para la contradicciones o injusticias del sistema social” Sin
comprensión y el desarrollo de la vida familiar y embargo, considero que estas mujeres son mucho
social puertorriqueñas. Sin embargo, estas criaturas más que meros arquetipos u objetos afectivos de
de ficción han pasado casi inadvertidas, opacadas Borrás. Ellas son criaturas vivientes que poseen
por la vigorosa y compleja caracterización sus peculiaridades individualizadoras aunque
masculina. Seguramente todos recuerdan a Juan carezcan de la acusada personalidad de
Antonio Borrás con sus continuas dudas y conflictos determinados caracteres masculinos y que en
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entre el cerebro y el corazón, al trepador y ambicioso ocasiones asumen compromisos. Veamos para
don Flor, al desventurado Ventura Rondón, pero comprobarlo algunos de los personajes femeninos
no se les ha prestado igual atención a Delmira, a de la novela.
Pepiña, a Sarah... Tal vez contribuya a ello el hecho
de que Laguerre se vale de Juan Antonio Borrás,
un héroe indeciso, para simbolizar las vacilaciones LAS ALZAMORA
y la interinidad de todo el pueblo puertorriqueño.
Con este propósito en mente, resultaría inadmisible
presentar a unos personajes femeninos que fuesen Doña Lela -Adelaida- y doña Julia son dos
decididos, fuertes y enérgicos, pues podrían opacar solteronas finas, educadas y amables, propietarias
al protagonista masculino y contravendrían la tesis de la casona de Santa Rosa. Fueron mujeres bellas
sostenida por el autor. en su juventud, pero el paso del tiempo y las
vicisitudes familiares las han transformado y parecen
También podría decirse que hay en esto un mujeres de una época ya pasada. El autor está
elemento psicológico, pues don Enrique ha acentuando un rasgo característico de la vida familiar
reconocido que: “Quizás por la forma en que nos puertorriqueña de antaño. El pensamiento de Juan
han educado, la mujer es para mí, más difícil de Antonio al conocerlas es revelador: “De pronto,
caracterizar... el hombre me resulta más fácil de me puse a observar a las dueñas, estas mujeres
caracterizar porque he tenido más diálogos con chapadas a la antigua... ¿Por qué tuve la impresión
ellos, generalmente los diálogos con las mujeres han de que las dos solteronas se habían salido de una
sido interesados... Definitivamente para mí es más de esas estampas que se guardaron por muchos
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fácil ir en busca de las experiencias vitales masculinas años en el fondo del viejo baúl de caoba?
que de las femeninas. Y ésa es la base de la
caracterización, las experiencias vitales en sus cuatro María, la otra hermana, se enamoró
dimensiones: primarias, vicarias, colectivas y perdidamente de Ramiro del Valle, un lejano
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universales”. pariente, pobre y vago. Por este amor la joven
renunció a su soltería, quedó embarazada y tuvo
Olga Casanova afirma que: “Las mujeres en una niña, Delmira. El galán, que también sostenía
las tres novelas telúricas y en la mayor parte de la relaciones con Rosa Moreau, se apresuró a casarse
obra laguerriana no están trazadas realísticamente con ésta y no cumplió la promesa hecha a Mariíta.
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sino que resultan arquetipos”. Estelle Irizarry, a la Al quedar huérfana Delmira, vivirá con el tío Carlos
vez, advierte que: “Los personajes femeninos de y su esposa Marta, quienes la amaron como a una
La llamarada son más convencionales y sobresalen verdadera hija. Carlos fallece en un accidente y
menos que los masculinos [...] Como sólo vemos a doña Marta y la niña se mudan a Santa Rosa, al
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Azucena Hernández Reyes
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