Yo sentí como si me hubieran metido un en nada de lo que sepas que tienes la razón y mos cuates más bien que padre y cría. Me contó
palo ardiendo. Pegué un reparo y de un salto también reconócela cuando no la tengas. de cuando anduvo con la carabina repartiendo
me paré del banquito en que estaba sentado Yo sentí que una chibola me subía y me ba- muerte en la bola, de las ciudades que vio, de
y me quedé parado frente al doctor. Estaba jaba por la garganta, pero el viejo me obligaba a sus amigos, de sus enemigos, de sus risas y
con el coraje rebalsándome la boca. Hubiera ponerme hombrecito nomás con demostrarme sus miedos; hasta de sus mujeres y de algunos
querido agarrar el machete y darle por la madre su serenidá. hermanos que a lo mejor me dejó rodando por
allí mismo. Tenía piquetes en los ojos como si —El dotor me dijo que tal vez no pase la las rancherías. A las claras se veía que no quería
me hubiera untado chile. Pero aluego me puse noche ¿lo sabías? llevarse ningún recuerdo pal entierro. Y yo los
a pensar que tal vez eso era lo mejor; al tata Con una seña de la cabeza le dije que sí, y él recibía como si juera lluvia de abril, porque a lo
siempre le habían gustado las cosas derechas me quedó viendo como esperando que yo le macho nunca he aprendido más cosas que esa
y a lo macho. Recordé que una vez me había dijera más cosas: noche. ¡Cómo sabía cosas el viejo!
dicho que lo bueno aquí en el campo es saber —Desde la semana pasada supe que usté se Yo sentía que estaba recuperando todo el
cuando se va uno a morir; que en el campo iba a morir, y desde entonces he estado prepa- camino chueco que había caminado. Que en
la muerte no es más que un sucedido que a rando todo lo necesario. esos últimos decires el tata me abonaba la boca
juerzas tiene que llegar y casi siempre es hasta Clarito vide cómo al tata se le alegraron los con sus cosas; que me dejaba de golpe todo lo
una salida pa los problemas. Porque pensé ojos y yo entendí que era del gusto de verme que yo debía ir cargando poquito a poco. Pero
todo esto, y porque el dotor, pa qué es más que controlado; aluego me puso su mano sobre la me sentía tranquilo, porque ahora sí lo sentía a
la verdá, me quedó viendo muy machito, jue frente y yo la sentí fría, fría, como si la muerte ya él bien cerquita del corazón como si lo tuviera
que me empecé a apaciguar, y con la cabeza le le anduviera buscando la embocadura. adentro de la camisa.
di a entender que lo que había hecho estaba —Procura que todo quede en orden. —Y —Acordáte: cuando te murás yo te voy a estar
bien. Aluego me voltié y me quedé viendo pa la aluego me acercó más la cabeza jalándome esperando: no tengas miedo. Hay dos cosas a
pared, hasta que oí clarito los cascos del caballo con su mano—. Y que no hayan gritos ni nada las que no tiene caso sacarles la vuelta: nacer
del dotor pasando por las lajas de la tranca. en el velorio. Si falta dinero pedíle prestado a y morirse. De una y otra forma que te caigan
Entonces respiré hasta onde pude y me jui pal mi compadre José; él te dará lo que haga falta es lo mismo. Lo que sí, hay que ponerse listo
cuarto del tata; me urgía verlo porque el pobre pal entierro. No es que tenga obligación; pero pa hacer lo que se debe en la vida pa poderse
debía de estar queriendo consuelo. hemos sido muy amigos. morir tranquilo.
Antecito de la puerta entuavía me detuve. —Desde hace como siete diyas me dijo que Y yo lo quedaba viendo.
Me quedé buscando la manera de hablarle. De todos los gastos corrían por su cuenta. —Otra cosa que debes recordar es que es
que se olvidara de lo que le habían dicho, de Mi tata se sonrió y movió la cabeza. Esos son mejor que te maten por lo que sabes que es la
que supiera que ahí estaba su hijo pa darle la amigos —dijo— que no fallan ni se escuenden verdá que vivir jediendo a mentira.
mano en los momentos alrevesados, y sobre cuando uno los precisa. Así estuvo hablando toda la noche y pegado
todo, me quedé parado pa coger valor, porque Y aluego como si no quisiera que se le a la orilla de su catre. A cada palabra que sacaba
sentía que de las piernas me subían olitas de fuera a ir ningún pensamiento de los que se le a las claras se veía que se iba quedando más
calosfrío y si el tata notaba que yo ya mero venían: acabado. Yo veía que se me estaba pelando, y
soltaba la lloradera se iba a poner enojado. Eso —Oí... ahí me buscas un lugarcito que no esté me daba un rechinamiento de güesos el solo
me quedé haciendo cuando oí que me llamaba. tan pior pa que me entierren. pensar que no le podía echar una manita pa
Ya sin pensarlo más eché el paso y me metí en Yo sentí que me puyaban los riñones, pero nada. Cuando cantó el gallo me dijo: Agar-
su cuarto. hice la juerza y ni siquiera moví la cara. Me lo ráme juerte la mano—. Y yo se la apreté y él
—Si viera usté qué galán está lloviendo —le quedé viendo y le di a entender que de eso ni se jue poniendo más pálido. Movía la boca sin
dije—, este año vamos a tener buen tiempo pa tuviera cuidado. En después ya no pude aguan- parar y cualquiera hubiera pensado que estaba
trabajar. tarme y le dije: rezando, pero yo que lo conocía bien sabía que
—Tenés que aprovecharlo. El gasto va a —¡Caray viejo! ¿Cómo puede usté estar tan nomás repasaba recuerdos pa no olvidarse de
ser juerte. Así que pónete a pensar qué es lo macho hablando de estas cosas sin que siquiera nada. De repente los chuchos empezaron a
que vas a hacer pa ir pagando las deudas que le tiemble la voz? latir muy feo, como si tuvieran miedo o como
salgan. El tata se sonrió. si estuvieran llorando, y yo sentí que el tata me
Yo me hice guaje y me puse a ver por la —Cuando está uno viejo ya no hay miedo aflojaba la mano. Le besé la frente igual que
ventanita como si no hubiera entendido lo que de nada. Uno anda tranquilo porque ya hizo cuando se iba pa cualquier viaje y le cerré los
me había querido decir. Frente a la ventana de todo, y todo lo gozó y lo sufrió. Yo estoy ojos. Aluego le prendí unas velas y me jui a ar-
pasó despacio el caballo del viejo y yo no más contento de todo lo que vide y lo que arranqué r e g l a r l o n e c e s a r i o y a l l a m a r a l o s a m i g o s .
por hablar le dije: y lo que sembré. Cuando te muras, ahí lo vas a Ansina jue como se murió mi tata. Ansina me
—¡Si usté viera qué hermoso anda su caballo! ver, también estarás igual. enseñó a morir. Ansina jue que me dijo lo que
Con estos diyitas de descanso se ha puesto —Pos quien sabe. A yo se me arruga el cuero se debe hacer. Ansina jue que me prometió que
como bestia de general por lo gordo. Le va a dar no más de pensarlo… siempre iba a andar a mi lado esperando a que
alegría cuando usté lo vuelva a montar. Caballo —No tenés porqué. La muerte no mata, lo me muriera pa vigilar que todo juera como es la
acostumbrado a buena rienda sólo a esa mano que mata es la suerte, y siendo ansina pos pa obligación; pa que constatara que hijo de tigre
se encariña. qué alegar. Lo que sí, acordáte siempre, nunca tigrillo. Por eso es que usté no debe espantarse
El viejo se empezó a sonreír pero aluego, de debes de sentirte solo; onde quiera que estés que yo esté tan tranquilo. A cada palada de
golpe, cortó el gusto y me dijo: yo voy a andar contigo. Y cuando te muras yo tierra que saco es una carga menos que tengo.
—Ese animal véndelo a una persona que voy a estar esperándote al ladito pa mostrarte Cuando acabe de abir la tumba ya todo va estar
sea muy de a caballo. Y que se lo lleven pronto el camino. arreglado. Pero yo voy a andar entero porque es
pa que no le caiga sangre en su corazón de la Así, con esa serenidá con que lo estoy como hay que portarse, como es la obligación.
tristeza de no encontrarme. contando me lo dijo. Hasta pué que más a lo Porque sé que en estas llanadas lo mejor es
—Pa qué dice eso… macho, porque a yo, con todo y que ya pasaron no patalear cuando nos llega la hora; porque
—Pos tal vez tú no estés sobre avisado, pero sus añitos, entuavía siento una urgencia en el sé que el tata tenía razón cuando me dijo que
yo me voy a morir dentro de poco; ya me lo dijo gañote cuando platico de estas cosas. la muerte no viene a ser más que un caballo
el dotor. Me quedaba mirando como si se quisiera matrero al que algún día tenemos que montar.
—No piense eso, tata. aprender de memoria mi cara pa no olvidarme en Por eso es que estoy tranquilo señor. Y usté,
Entonces él me hizo una seña con la mano el otro mundo y poderme reconocer cuando me sargento, también debe de estar igual. Hoy le
como diciéndome que me callara. viniera a enseñar el camino de los muertos de ley. toca tirar a usté, mañana le tocará recibir.
—Ahora tú vas a ser el que se quede al frente Y yo sentí que sus ojos me picoteaban la cara. ¡Bueno! yo ya acabé de hacer la tumba. No
de todo. Procura ser como son los hombres; En después me estuvo platicando sus recuer- más le recomiendo que me entierren hasta el
siempre listo pa cualquier eventualidá y a dos. De lo que yo nunca había querido oírle me fondo. Usté dice, sargento, en dónde me pongo
resolverla como debe ser. No te eches pa atrás estuvo platicando. Y era como si de plano juéra- pa que me fusile. n
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