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Yacimientos de Zn-Pb-Fe de la Sierra de Cartagena 5
Memoria de campo. Óscar Pintos Rodríguez
A partir de 1874, y superada la inestabilidad política, se inicia un nuevo proceso de
crecimiento, aunque sin alcanzar los valores anteriores. La mecanización se generaliza,
con la inauguración del ferrocarril Cartagena-La Unión en 1874, y la construcción de
líneas de transporte por cable entre 1875 y 1885. Por esas fechas se inicia la explotación
de las piritas para producir hierro, muy demandado en toda Europa, en plena Segunda
Revolución Industrial. Por otro lado, la producción de plomo comienza un lento pero
continuo descenso, debido a la explotación de nuevas minas en EEUU y Australia, con
el subsiguiente descenso de los precios.
En 1890 Miguel Zapata, principal empresario de la zona, funda la industria de
maquinaria “La Maquinista de Levante” en La Unión, primer intento de crear un núcleo
industrial autóctono basándose en la metalurgia. Sin embargo el descenso de los precios
de mineral, que continúa, la falta de capitales nacionales y dependencia del carbón
extranjero, van estrangulando la producción. Se plantea la necesidad de crear un
Sindicato de Mineros patronal para capear esas dificultades, con el objetivo principal de
crear el “Desagüe del Beal”, para poder seguir las vetas a una profundidad en la que
empezaban a inundarse las galerías. En 1905 se comienza a bombear agua, pero las
dificultades en el suministro de electricidad para su funcionamiento y el que las obras
no estaban terminadas provocaron graves dificultades. 1909 fue el último año “bueno”,
desde entonces comenzó la decadencia de la minería, que recibió el golpe de gracia con
el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914.
Los precios del carbón subieron, así como el transporte marítimo, al mismo tiempo
que las naciones europeas dejaron de demandar mineral conforme sus industrias
comenzaban a producir para la guerra. Desde 1917 las minas y fundiciones comienzan a
cerrar, y los sueños de convertir Cartagena en un centro industrial se desvanecen. Esto
es aprovechado por algunas empresas extranjeras para tomar el control de algunas
fundiciones claves, sobre todo Peñarroya, empresa francesa establecida en Sierra
Morena, que en 1906-1912 toma el control de las fundiciones de escombreras y Santa
Lucía.
Tras la guerra, la minería de la sierra es incapaz de sobreponerse, y excepto algunos
años como 1926 ó 1930, la producción languidece, sin poder aprovecharse del auge
mundial de los años 20. La competencia internacional hace inviable la reapertura de las
minas cerradas, y sólo algunas fundiciones se mantienen importando la mayor parte del
mineral. En 1928 se crea el Consorcio del Plomo, y poco después el Consorcio del Cinc,
desesperados intentos empresariales de evitar el cese completo de la actividad. En 1929
el Sindicato de Mineros solicita la intervención del Estado para mantener el desagüe del
Beal, sin éxito. En 1941 se disolvió y cesó su actividad.
Un momento importante fue 1930, cuando Peñarroya se hizo con el control de las
antiguas fundiciones de Miguel Zapata en Portmán. La Guerra Civil, con su demanda de
armamentos, impulsó levemente la producción de piritas de hierro, pero en 1939 se
vuelve a la atonía anterior. A partir de 1948 la producción comienza a remontar
lentamente, una vez superada la depresión de la posguerra y gracias a unos precios
internacionales del mineral favorables. Además se incorpora una nueva técnica de
beneficio del mineral, los lavaderos de flotación, que permiten aprovechar minerales
con leyes muy bajas. Se relavan las viejas terreras, hasta que en 1952 llega el gigante
Peñarroya.
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